Katia, te celebro y te convoco

 

“La boca habla lo que abunda en el corazón”

El 7 de diciembre de 1936 durante el gobierno del general Eleazar López Contreras Katia fue decretada y elevada a parroquia, por lo que pasó a llamarse “oficialmente” Parroquia Sucre, como homenaje al Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Si bien todas las reseñas apuntan a que antes de tal evento Katia formaba parte de la Parroquia Altagracia, debido a la distribución político administrativa heredada de la colonia, la verdad verdadera apunta hacia otra dirección, veamos.

La palabra Katia aparece por primera vez en los registros del invasor, según José de Oviedo y Baños, a partir del año 1557 cuando Fajardo llega por segunda vez a las costas del litoral central, recibiendo la visita de varios caciques, Guaimacuare y Paisana entre otros “quienes le cedieron las tierras de Catia para que tomara allí asiento definitivo” (Nectario María 1979:20) ante su solicitud de fijar un asentamiento en el lugar. Como vemos Katia se extendía hasta la costa – hoy Catia La Mar -, siendo esta su entrada a tierra firme, es decir, a la región que comprendía toda el área que en la actualidad ocupan: las parroquias Altagracia, La Pastora, 23 de Enero, El Junquito y Sucre, asentamiento de las naciones Toromaima y Tarama. Es el invasor quien en su afán de adaptar el paisaje a su conveniencia comienza por asentarse sobre una vivienda Toromaima ubicada en los terrenos que hoy ocupa La Escuela de Música José Ángel Lamas y de ahí se va expandiendo hacia el norte, luego hacia el sur, el este y finalmente hacia el oeste, o sea Katia y saben por qué, más abajo se los explico.

El invasor genocida intentó en repetidas oportunidades abrirse paso a la mar por esta vía, pero todos sus intentos se estrellaron contra la férrea resistencia de los toromaimas del lugar, fue tal que el colonizador obstinado como era, por coronar sus ansias expansionistas, tuvo que renunciar a su salida al mar por Katia y resignarse a continuar usando los caminos abiertos por los aborígenes remontando el Guariarepano para llegar a este. Más allá del hecho lógico de defender su territorio, los toromaimas defendían algo de mucha más significación para ellos: el centro energético espiritual de las naciones que poblaban el Valle de Maya. La Laguna de Katia y su entorno, pues era este el lugar de encuentro de los diferentes piaches y caciques del Valle que, cada cierto tiempo, se convocaban para planificar sus estrategias de guerra, las cosechas, los movimientos estelares, las sanaciones, los conjuros contra males, las alianzas con otras naciones y quizá fue aquí donde por primera vez se avizoró la llegada de los invasores a su región...

Gacaipuro, el Piache y La Laguna

Tomando en consideración la jerarquía de Gacaipuro, podemos inferir que en más de una ocasión debió haber asistido a esos encuentros, ya que también era Piache de su nación. Estos eran intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los espíritus y de todo aquello que occidente llamó “sobrenatural”. Estaban consubstanciados a tal punto con la naturaleza que eran uno en sí mismo, lo cual traía como consecuencia que todas sus acciones tuvieran una gran connotación simbólica, haciéndolos seres entes ligados a lo sagrado. Por esto se puede afirmar que el Piache era un ser espiritual de alta evolución que habitaba un espacio heterogéneo donde existen “porciones de espacio cualitativamente diferentes a otras (Eliade 1979: 25)

Retomando el tema de La Laguna y por tanto del agua, es oportuno destacar la importancia que tenía el agua en su cultura, pues armonizaba los ciclos de la vida, representaba continuidad, espiritualidad, era asumido como la sangre de la Madre Tierra. Se le trataba con respeto y formaba parte esencial de sus rituales, a través de ella se conectaban con sus espíritus protectores, La Laguna era un portal energético, parte inseparable del triángulo que junto al Guariarepano y el abra de Katia que protegía al Valle y a sus habitantes.

Este, a mi parecer, fue quizás el factor de mayor peso al momento de la defensa de este territorio por parte de los toromaima.

Ahora sumemos algunos porqués para la reflexión...

-Por qué cuando Fajardo arriba al litoral en su segundo viaje, los cacique Paisana y Guaimacuare le niegan el sitio de Panecillo para que levante su asiento y en cambio “le cedieron las tierras de Catia para que tomara allí asiento definitivo” (Nectario María 1979: 20). Sería porque “estratégicamente” les convenía tenerlo controlado por medio la cercana presencia energética que poseía Katia...

-Por qué, sin elementos de peso, se sigue repitiendo que la Batalla de Maracapana se dio por los lados donde hoy está el Parque del Oeste Alí primera, habida cuenta de que era unas de las pocas explanados que para el momento tenía el Valle de Maya, estando ubicada las otras por los lados de la Sabana del Blanco, La Carlota y el Parque Los Caobos, será porque para los historiadores les parece lógico que debido a la férrea oposición que siempre opusieron los toromaimas este era el lugar más adecuado para tan crucial Batalla... Existen otros elementos que apuntan a que se libró por los lados del litoral central, cerca de Caraballeda, pero esa historia será en otra oportunidad...

Katia, ayer, hoy y siempre, presencia palpitante de una historia aún por contar, que va más allá de anécdotas, supuestos o verdades inamovibles. Encontremos nuestra ontología.

Texto Henry Rojas Sánchez
Ilustración Rene Rojas Piñango

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