Un susto, una experiencia, una propuesta…
El médico al ver el electro pregunta: “viniste sólo”, cuando hay incertidumbre y susto a lo inédito, la mente interpreta que la cosa es importante si no es que es grave.
Allí comenzó la experiencia. “…tienes… (explicación científica entendible como su letra en récipes) … marcapasos…”, esa fue la única palabra que pude entender. A continuación, una serie de exámenes y urgentes entre viernes y sábado. El domingo, aumento del pensar en el peor escenario. El lunes otro examen y el galeno que los realizó, con alta voz y ojos muy abiertos, dice que corra hacia cardiólogo. El corazón aceleró su bombeo y las imágenes mentales eran de “llegó la hora”.
El mismo jueves anterior, al salir del diagnóstico médico preliminar y ante los
visualizados escenarios (asustado como carajito ante una vacuna o el dentista), hice
contactos inmediatos con amigos para prever tratamiento en servicio público de
salud y suministro del marcapasos, porque la masa no está pa´bollo, decía Chea mi
abuela. Las respuestas fueron luz en el túnel. El corazón medio nor
malizó su
bombeo pero el lóbulo frontal quedó en ascuas (ansiedad), también de mi abuela.
Resumiendo, a mediados de febrero, el sábado día de la amistad, amanecí, en el Hospital Miguel Pérez Carreño (El Pezcozón), en La Yaguara (parroquia El Paraíso), en Caracas, en una sala de rehabilitación de cardiología, con un aparatico en el pecho, que le da electricidad al corazón para que siga bombeando y que habrá que cambiarle pilas en unos siete años cuando se descarguen.
Tremendo hospital. Su gente: médicos, asistentes, técnicos, enfermeras, camilleros, limpieza y los que se me olvidan, mostraron lo que nos orgullece de Venezuela, especial empatía, calidez, disposición, eficiencia y un largo etcétera. Además, el conjunto de edificaciones, como casi todos los grandes hospitales del país, con una calidad de diseño, de instalaciones y de infraestructuras.
Debido a los casi 60 años de su inauguración, a que el país viene de un asedio continuo en detrimento de su economía y a otros aspectos, el hospital Pérez Carreño (HMPC) tiene limitaciones importantes en su operatividad y servicios públicos y gratuitos.
Aquí viene una reflexión en pregunta: ¿Es sostenible esto? Es lógico aspirar a que haya un servicio masivo y accesible a toda la población. Pero la realidad debemos afrontarla, en las actuales circunstancias eso es viable menos que a medias y con grandes limitaciones y carencias. Impactando negativamente en la posibilidad de curarse y “pasando trabajo” a pesar de la disposición y abnegación del personal de salud.
Por ello, obviando el relato de las gratas 36 horas vividas en el Pérez Carreño con sus pros y sus contras, pero maravillosas como experiencia y sobre todo, reiterando, por la calidad y compromiso de su gente, veamos unas rápidas, preliminares y resumidas ideas dirigidas a analizar y verificar su aplicabilidad inmediata y a plazo breve.
- Acordar voluntariamente con los pacientes que tengan ciertos recursos para
que aporten una porción del costo de su hospitalización y tratamiento médico.
Sin menoscabar la gratuidad de la salud pública.
- Ampliar y fortalecer al hospital como un centro integral de salud y de diversidad de servicios. Además de cafetines y restaurantes (para los pacientes y para el público) y tiendas varias, incluir en los espacios internos y en los abiertos del hospital, quizás con alianzas con terceros y a precios solidarios o gratuitos para los que no tengan recursos, fortaleciendo los existentes y creando nuevos, servicios de laboratorio y demás exámenes de exploración, pero también producción, venta y reparación de equipos, instrumentos, utensilios, medicamentos y otros. Así como mini emprendimientos y de gestión comunitaria, para la producción de uniformes y ropa quirúrgica (desechable) y muchos más a definir e impulsar.


Comentarios